FEEDBACK ÁGIL: CONVERSACIONES QUE IMPULSAN EL CRECIMIENTO
Durante mucho tiempo, asociamos el feedback con una instancia formal de evaluación: una reunión en la que alguien señalaba qué habíamos hecho bien, qué necesitábamos corregir y cuáles eran los aspectos que debíamos mejorar.
Sin embargo, creo que necesitamos cambiar esa mirada. En los equipos y las organizaciones que buscan evolucionar, el feedback no debería ser una conversación que ocurre cada varios meses, ni una instancia a la que llegamos con temor o a la defensiva. Debería formar parte de nuestra manera cotidiana de trabajar, aprender y relacionarnos.
Desde el liderazgo ágil, entiendo el feedback como una herramienta para acompañar a las personas, fortalecer los vínculos y construir mejores resultados. No se trata de señalar errores, sino de generar conversaciones que nos permitan comprender lo que sucede y descubrir nuevas posibilidades.
Dar feedback requiere mucho más que expresar una opinión. Implica observar, escuchar, elegir las palabras y comprender que del otro lado hay una persona con su propia experiencia, sus capacidades y su manera de interpretar las situaciones.
Una conversación constructiva puede ayudarnos a reconocer fortalezas, identificar oportunidades de mejora y comprender cómo nuestras acciones impactan en los demás. Para que eso suceda, necesitamos dejar de lado los juicios personales y concentrarnos en aquello que podemos revisar y transformar.
También necesitamos comprender que el feedback no consiste únicamente en decirle a otra persona qué debería cambiar. Se trata de abrir un espacio en el que podamos preguntarnos: ¿qué estamos haciendo bien?, ¿qué podemos mejorar?, ¿qué necesitamos para avanzar?
Estas preguntas nos permiten pasar de la crítica a la construcción, de la búsqueda de culpables a la identificación de oportunidades y de las conversaciones pendientes a los acuerdos que impulsan el crecimiento.
El rol del líder: acompañar, escuchar y construir confianza
Un líder ágil comprende que el desarrollo de las personas no ocurre solamente a través de capacitaciones o grandes experiencias. También sucede en las conversaciones cotidianas, en la posibilidad de recibir una devolución a tiempo, de expresar una dificultad y de encontrar acompañamiento para resolverla.
Por eso, dar feedback también es una forma de liderar. Requiere generar confianza para que las personas puedan hablar con honestidad, reconocer aquello que necesitan mejorar y compartir sus propias perspectivas sin sentir que cada conversación representa una amenaza.
Pero hay algo más: el feedback debe ser una conversación de ida y vuelta. Un líder que solamente habla, pero no escucha, pierde la oportunidad de comprender otras miradas. A veces, la devolución que necesitamos recibir es justamente aquella que nos ayuda a revisar nuestras propias decisiones, comportamientos o formas de acompañar al equipo.


