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La mentoría es transformar la experiencia de vida en un servicio para los demás

La mentoría es una práctica tan antigua como la humanidad misma. A lo largo de la historia, siempre existieron personas que acompañaron a otras compartiendo su experiencia, su mirada y sus aprendizajes. En el contexto actual, marcado por cambios acelerados y nuevos desafíos profesionales, siento que la mentoría vuelve a cobrar un valor muy especial. Cada vez más personas buscan orientación, referencias y acompañamiento para tomar decisiones en su vida personal o profesional. Desde mi experiencia como mentora, empresaria y rectora del Instituto INCADE, he aprendido que acompañar a otros desde la propia experiencia puede convertirse en una herramienta muy poderosa para el crecimiento. Un mentor no es alguien que tiene todas las respuestas, sino alguien que ha recorrido un camino, que ha atravesado desafíos importantes —muchas veces complejos o incluso difíciles— y que ha logrado aprender de esas experiencias. Para mí, el verdadero sentido de la mentoría aparece cuando ese aprendizaje deja de ser únicamente personal y se transforma en un capital de vida que puede ponerse al servicio de otros. Comprender la propia historia, reconocer los desafíos que uno ha atravesado y decidir compartir ese conocimiento es una forma de acompañar a otras personas que atraviesan situaciones similares. Muchas veces quienes llegan a un proceso de mentoría no necesitan que alguien les diga qué hacer, sino que alguien los ayude a mirar su situación desde otra perspectiva y a descubrir herramientas para avanzar. En los últimos años, además, la mentoría se ha consolidado como una disciplina que requiere formación específica. Hoy ya no se trata solamente de contar la propia experiencia, sino de desarrollar herramientas metodológicas que permitan acompañar procesos de crecimiento en otras personas. Existen programas de formación y certificaciones que preparan a quienes desean ejercer este rol en diferentes ámbitos. Esto ha permitido que la mentoría se expanda en muchos campos profesionales. Hoy encontramos mentores en el mundo empresarial, en la medicina, en el ámbito de la discapacidad, en el desarrollo personal y en muchos otros espacios donde las personas deciden transformar su experiencia en una guía para otros. En mi caso particular, mi trabajo de mentoría está profundamente vinculado con el acompañamiento de emprendedores. Tal vez porque mi propia historia está atravesada por el emprendedurismo, entiendo muy bien lo que significa iniciar un proyecto, asumir riesgos y atravesar momentos de incertidumbre. Ser emprendedor implica descubrir dentro de uno mismo el deseo de crear algo propio, de convertirse en protagonista de un proyecto. Pero también implica comprender que ese camino no puede depender únicamente del entusiasmo o del azar. Emprender requiere preparación, conocimiento, desarrollo de habilidades y, sobre todo, una gran capacidad de aprendizaje. A lo largo de mi trayectoria, fui desarrollando un modelo de trabajo que busca acompañar a quienes desean emprender, brindándoles herramientas para que ese camino sea más claro y más dinámico. Ese enfoque fue el que me llevó a escribir el libro Emprender con agilidad, donde comparto parte de los aprendizajes que fui incorporando a lo largo de los años. Uno de los conceptos centrales que planteo en ese libro es la importancia de adoptar metodologías ágiles para emprender. Vivimos en un mundo que cambia a gran velocidad. El contexto actual no es el mismo que hace veinte o treinta años. Las tecnologías evolucionan, los mercados se transforman y las formas de trabajar también cambian. Por eso creo que hoy más que nunca necesitamos desarrollar una mentalidad flexible. Emprender con agilidad significa aprender constantemente, adaptarse al entorno y tomar lo mejor de cada experiencia para seguir avanzando sin perder el rumbo. Esta mirada también intento trasladarla al ámbito educativo desde mi rol como rectora del Instituto INCADE. Creo profundamente que la educación debe acompañar los cambios del mundo actual y preparar a los estudiantes no solo para adquirir conocimientos, sino también para desarrollar proyectos propios. En nuestra institución buscamos fortalecer un ecosistema emprendedor donde los estudiantes puedan experimentar, crear y poner en práctica sus ideas. Queremos que no solo aprendan contenidos en el aula, sino que también se animen a diseñar proyectos, a presentarlos y a defenderlos. Por eso impulsamos iniciativas como hackatones, rondas de negocios y espacios de innovación donde los estudiantes tienen la oportunidad de desarrollar propuestas y presentarlas frente a jurados o potenciales inversores. Estas experiencias les permiten aplicar conocimientos en contextos reales y, al mismo tiempo, fortalecer habilidades como la confianza, la creatividad y el liderazgo. En este proceso, la tecnología también ocupa un lugar muy importante. En INCADE contamos con aulas maker, equipamiento de robótica, impresoras 3D y espacios de aprendizaje inmersivo en metaverso. Somos una de las pocas instituciones de la región que cuenta con este tipo de infraestructura. Sin embargo, siempre digo que la tecnología es una herramienta, no un fin en sí mismo. Nuestro desafío es enseñar a utilizarla con criterio, con valores y con ética. Las nuevas herramientas digitales, incluida la inteligencia artificial, forman parte de la formación de nuestros estudiantes, pero siempre desde una mirada responsable. El crecimiento del instituto también nos ha llevado a expandir nuestro modelo educativo a diferentes puntos de la provincia. Este año inauguramos una sede en la ciudad de Apóstoles, donde comenzamos a dictar las carreras de Marketing y Administración Digital de Empresas. Esta decisión responde a una convicción muy clara: sabemos que trasladarse a otra ciudad para estudiar implica muchos costos para las familias. Por eso creemos que acercar oportunidades de formación a más territorios es una forma de generar desarrollo y nuevas posibilidades para muchos jóvenes. Además de mi trabajo institucional, continúo desarrollando espacios de capacitación y encuentro vinculados al desarrollo personal y al emprendedurismo. Durante marzo, por ejemplo, estaré brindando en Puerto Iguazú la charla “Una mente ágil para la mujer en acción”, en el marco de las actividades por el Mes de la Mujer. También ofreceré una capacitación sobre metodologías ágiles orientadas al desarrollo de negocios en la ciudad de Alem. Para mí, la mentoría, el emprendedurismo y la educación forman parte de un mismo proceso: acompañar a las personas a descubrir

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La mentalidad emprendedora: el primer paso antes de empezar un negocio

Muchas personas creen que para emprender lo primero que se necesita es una idea brillante. Sin embargo, antes de cualquier proyecto existe algo aún más importante: la mentalidad emprendedora. La forma en que una persona piensa, interpreta los desafíos y responde frente a la incertidumbre suele determinar en gran medida el futuro de su emprendimiento. La mentalidad emprendedora no depende únicamente del talento ni de los recursos económicos. Se trata principalmente de una actitud frente a la vida y al trabajo. Es la capacidad de ver oportunidades donde otros ven problemas, de asumir riesgos calculados y de aprender constantemente de la experiencia. Un emprendedor entiende que el camino no siempre será lineal. Habrá momentos de avance y momentos de dificultad. Por eso, desarrollar una mentalidad flexible es fundamental. Las personas con mentalidad emprendedora no esperan tener todas las respuestas antes de comenzar; en cambio, están dispuestas a aprender mientras avanzan. Otro rasgo importante es la capacidad de adaptación. Los mercados cambian, las tecnologías evolucionan y los consumidores modifican sus hábitos con rapidez. En este contexto, quienes logran adaptarse con mayor facilidad tienen más probabilidades de sostener y hacer crecer sus proyectos. La mentalidad emprendedora también implica asumir responsabilidad por las decisiones propias. En lugar de esperar soluciones externas, el emprendedor busca alternativas, genera ideas y pone en marcha acciones concretas. Además, es fundamental desarrollar tolerancia al error. En muchos casos, el miedo a equivocarse paraliza a quienes desean emprender. Sin embargo, los errores forman parte del aprendizaje. Cada intento aporta información valiosa que permite mejorar la estrategia. Finalmente, cultivar una mentalidad emprendedora implica mantener la curiosidad y el deseo de aprender. Leer, capacitarse, escuchar experiencias de otros emprendedores y observar el entorno son hábitos que fortalecen la capacidad de innovación. Antes de lanzar un negocio, por lo tanto, el primer paso es trabajar en la forma de pensar. Una mentalidad abierta, resiliente y orientada al aprendizaje es el verdadero motor que permite convertir las ideas en proyectos sostenibles.

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Emprender con agilidad: la clave para avanzar en un mundo que cambia

Emprender siempre ha sido un desafío. Pero hoy, más que nunca, hacerlo implica aprender a moverse en un entorno marcado por la velocidad, la incertidumbre y los cambios constantes. Las reglas del juego cambian rápido, los mercados evolucionan y las oportunidades aparecen —y desaparecen— con gran rapidez. En este contexto surge un concepto cada vez más relevante para los emprendedores: la agilidad. Emprender con agilidad no significa simplemente trabajar más rápido. Significa adaptarse, aprender y evolucionar de forma permanente para transformar ideas en resultados. Emprender es mucho más que iniciar un negocio Muchas personas creen que emprender es solamente abrir un negocio o lanzar un producto. Sin embargo, el verdadero proceso emprendedor es mucho más profundo. Emprender implica: Convertir una idea en realidad. Enfrentar desafíos e incertidumbre. Aprender constantemente del entorno. Adaptarse a los cambios del mercado. Tomar decisiones incluso cuando no se tiene toda la información. En definitiva, emprender es una forma de pensar y de actuar frente a los desafíos de la vida y del trabajo. Un mundo que exige flexibilidad Vivimos en una época donde la tecnología, los hábitos de consumo y los modelos de negocio cambian de manera acelerada. Lo que hoy funciona, mañana puede quedar obsoleto. Por eso, los emprendedores necesitan desarrollar tres capacidades fundamentales: Flexibilidad Ser capaces de ajustar el rumbo cuando las condiciones cambian. Creatividad Encontrar soluciones nuevas frente a problemas complejos. Resiliencia Seguir adelante a pesar de las dificultades y los errores. Los obstáculos forman parte natural del camino emprendedor: trámites complejos, desafíos económicos, competencia creciente o cambios en las tendencias del mercado. Pero cada uno de esos desafíos también puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje. Emprender también es un camino personal Más allá del negocio, emprender también implica un proceso de crecimiento personal. Muchas veces el mayor desafío no está afuera, sino dentro de uno mismo: superar miedos tomar decisiones difíciles confiar en una idea propia sostener la motivación cuando aparecen las dificultades Por eso, el emprendimiento no solo transforma proyectos: también transforma a las personas. Aprender a emprender Una de las grandes ideas detrás del concepto de emprender con agilidad es que emprender se puede aprender. Con las herramientas adecuadas, con mentoría y con una mentalidad abierta al aprendizaje, cualquier persona puede desarrollar capacidades emprendedoras. Esto implica: aprender a validar ideas entender al mercado desarrollar estrategias gestionar recursos y, sobre todo, aprender de cada experiencia. El emprendimiento no es un camino reservado para unos pocos elegidos. Es una posibilidad abierta para quienes se animan a aprender, adaptarse y avanzar paso a paso. Convertir los sueños en acción Toda historia emprendedora comienza con una idea. A veces es un sueño, una inquietud o una necesidad que queremos resolver. Pero la diferencia entre una idea y un emprendimiento real está en la acción. Emprender con agilidad significa justamente eso: no esperar el momento perfecto, sino empezar, probar, aprender y mejorar constantemente. Porque al final, emprender es animarse a imaginar un futuro diferente y trabajar todos los días para hacerlo realidad.

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