LA RUTA DEL EMPRENDEDOR: LA HISTORIA DETRÁS DE DUOMO HELADOS

LA RUTA DEL EMPRENDEDOR: LA HISTORIA DETRÁS DE DUOMO HELADOS

Hay conversaciones que te recuerdan por qué elegiste este camino. Entrevistar a Carlos Lancioni en un nuevo capítulo de La Ruta del Emprendedor fue una de ellas. Porque detrás de una marca que hoy es parte de la vida cotidiana de miles de personas, hay una historia profundamente humana, construida con visión, constancia y, sobre todo, propósito.

Cuando le pregunté cómo nació todo, Carlos me llevó a un inicio muy simple, pero poderoso: el deseo de tener un negocio al que los clientes quisieran entrar.

Venía del mundo de las ventas, de ir a buscar al cliente. Pero él soñaba con lo contrario: crear un espacio donde la gente eligiera llegar. Ese cambio de enfoque —que parece pequeño— fue, en realidad, el primer gran diferencial.

Su paso por una heladería marcó un antes y un después. Observó, aprendió y entendió algo clave: cuando una persona entra a una heladería, ya dio el primer paso, ya quiere el producto. A partir de ahí, todo depende de la experiencia que uno sea capaz de ofrecer: la calidad, la atención, el espacio, los detalles. Esa mirada, tan centrada en el cliente, sigue siendo hoy el corazón de Duomo.

En nuestra charla, apareció una idea que me parece fundamental para cualquier emprendedor: la decisión de ser un “clásico”. Carlos nunca buscó estar “de moda”, sino construir una marca confiable, reconocible, que las personas incorporen a su vida. Y para lograrlo, hay algo que no negocia: la calidad.

Crecer con propósito: de un local a una empresa regional

Hoy Duomo cuenta con más de 80 locales en distintas provincias. Pero lo interesante no es solo el crecimiento, sino cómo se dio.

Carlos detectó una oportunidad clara: llevar una heladería de calidad a lugares donde esa experiencia no existía. “Queríamos que el misionero sienta que tenía una heladería propia en toda la provincia.”

Esa visión de cercanía, de pertenencia, fue clave para su expansión. Y hay algo que me parece fundamental: la coherencia en cada punto de contacto. La logística, la distribución, la estética… todo está pensado para sostener una promesa de marca.

El verdadero crecimiento: formar equipo

Si hay un momento de la entrevista que considero central, es cuando hablamos del equipo. Carlos lo dijo con total claridad: “Yo solo no podría hacer nada”.

Hoy la empresa cuenta con un equipo profesional amplio, y eso no fue casual. Fue una construcción progresiva, basada en confianza y aprendizaje. “Si no aprendés a formar un equipo, es muy difícil”.

Y acá aparece uno de los mayores desafíos del liderazgo: delegar. Aprender a confiar, a soltar el control operativo y permitir que la empresa funcione más allá de uno mismo. “Lo mejor que puede pasar es que el negocio tenga vida propia”. Esta frase, para mí, resume el verdadero salto de emprendedor a empresario.

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