DECISIONES ÁGILES: LIDERAR MEJOR EN ENTORNOS DE INCERTIDUMBRE

Durante mucho tiempo pensamos que un buen líder era quien tenía todas las respuestas, quien sabía qué hacer, tenía claridad frente a los problemas y podía tomar decisiones con seguridad.  Pero los contextos en los que hoy lideramos son muy diferentes.

Los cambios suceden cada vez más rápido, la información se transforma constantemente y muchas veces debemos avanzar sin contar con todas las certezas. En estos escenarios, esperar a tener la respuesta perfecta puede convertirse en una barrera para evolucionar.

Desde mi experiencia como líder, mentora y Scrum Master, aprendí que la agilidad no significa decidir rápido sin pensar. Significa desarrollar la capacidad de decidir mejor, aprender de esas decisiones y corregir el rumbo cuando sea necesario.

Un líder ágil no renuncia a su responsabilidad de decidir. Por el contrario, comprende que una buena decisión puede construirse integrando distintas perspectivas, experiencias y conocimientos.

Por eso, para mí, liderar también significa saber preguntar, escuchar y generar las condiciones para que la inteligencia colectiva del equipo pueda ponerse en movimiento.

Decidir con agilidad implica tener claridad sobre el propósito, analizar la información disponible, escuchar diferentes miradas y, cuando sea necesario, animarnos a avanzar, medir lo que sucede y aprender de la experiencia.

No necesitamos tener todas las respuestas para comenzar. Muchas veces, necesitamos comenzar para encontrar mejores respuestas.

Silvia Cabrera en Alem

Decidir, experimentar y aprender

Hay dos prácticas que considero especialmente valiosas para fortalecer la toma de decisiones en equipos ágiles.

La primera es involucrar al equipo en el análisis de los problemas. Las personas que están cerca de la realidad cotidiana suelen tener información, experiencias y perspectivas que pueden enriquecer enormemente una decisión.

La segunda es generar ciclos de aprendizaje: decidir, experimentar, medir y mejorar. Esto nos permite transformar la incertidumbre en información y utilizar lo aprendido para tomar mejores decisiones en el siguiente paso.

La perfección puede convertirse en una trampa cuando el contexto nos exige evolucionar. Un equipo ágil no espera conocer todo el camino para comenzar a recorrerlo. Avanza con propósito, observa lo que sucede y tiene la capacidad de adaptarse.

Esta es una de las grandes transformaciones que propone la agilidad: pasar de buscar certezas absolutas a construir aprendizaje continuo.

La agilidad es una nueva forma de hacer las cosas. Es una nueva forma de pensar.

 

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